Apuntes para la Participasión

Comunidad, Participación y Ciudadanía


Tiempo de Escucha

Liniers

Palabras malditas -«tiempo» y «escucha«- para quienes buceamos en medio de la prisa y el ruido.

Por un lado, tenemos problemas con el tiempo. No tenemos tiempo, los plazos para la respuesta a la crisis climática se agotaron hace mucho y la humanidad mira para otro lado. En lo personal y lo colectivo, cada día son más escasos los tiempos para el encuentro y el diálogo, para los afectos, para lo común… El individualismo se impone. Todo se acelera, cada vez más deprisa. No podemos perder un instante en la carrera hacia no sabemos donde.

En cuanto a la escucha, hoy es tarea casi imposible. Junto a la aceleración de los tiempos, que lo complica todo -porque la escucha precisa tiempo-, el ruido ambiente es puro barullo y hace difícil distinguir, en medio de tanto estruendo, qué tiene sentido y qué es tan solo ruido vacío. No hay escucha sin silencio. Las redes sociales han multiplicado exponencialmente el número de personas que lejos de escuchar otras opiniones y dialogar con ellas, despliegan su propio monólogo, sumando más ruido al ruido. (Este texto es un ejemplo).

Y sin embargo, creo que nos toca vivir un tiempo de escucha. Escucha, atención, observación, aprendizaje… La importancia y el alcance de los problemas que enfrentamos -afectando a toda la humanidad y a toda la vida en la tierra-, la explosión del desorden global… no nos dejan otra salida: hemos de inventar y poner en pie respuestas colectivas a las graves consecuencias del capitalismo tóxico. Y el primer paso es escuchar.

Muchas de las alternativas a los problemas que enfrentamos ya existen, pero no las conocemos. En todo el mundo hay miles de experiencias que anticipan y anuncian nuevas formas de pensar y hacer colectivamente, aunque muchas de ellas no miren más allá de sus propias realidades particulares. Son islas en busca de archipiélagos.

Escuchar no es obtener y acumular información, significa diálogo, intercambio, contraste, aprendizaje… Supone respeto, voluntad de conocimiento del otro, re-conocimiento, revalorización de la diversidad, que se convierte en una fortaleza para la construcción y la inteligencia colectiva.

La escucha tiene sentido por si misma, no solo por lo que descubrimos y aprendemos en ella, sino porque el ejercicio de hacer(nos) silencio y poner la atención en la otra, abrirnos a su palabra y su experiencia, nos cambia como personas y como comunidades.

La construcción colectiva del futuro posible -y de las utopías que han de movilizar nuestras voluntades– se inicia en la escucha del pasado y del presente, en la recuperación -y la celebración- de la memoria colectiva y de la experiencia acumulada.



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