Desde hace más de 2.000 años, las Ama se sumergen profundamente en el mar de Japón, a pura apnea, en busca de perlas. Son mujeres sabias y valientes que han ido transmitiéndose esa misión de madres a hijas, creando -siglo tras siglo- una cultura propia de costumbres, narraciones, ritos, tradiciones, celebraciones…
Su historia me sugiere muchas cosas, porque me he propuesto la tarea de aprender a buscar perlas.
Yo también soy buscador, lo he sido toda mi vida profesional y activista. He buscado, en las iniciativas y experiencias de participación social que se han cruzado en mi camino durante más de cuarenta años, las «perlas», ideas, metodologías, herramientas, soluciones, hallazgos… que contribuyeran a mejorar la capacidad de organizarse de los colectivos sociales para poder transformar sus vidas y responder a sus necesidades.
Mi búsqueda, junto a la de otras muchas personas que recorrieron su propio camino, enlaza -como en el caso de las Ama japonesas- con una larga tradición que atraviesa los tiempos. La de quienes a lo largo de toda la historia buscaron lo mismo: las mejores formas de organizarse para cambiar el mundo. Y esa larga cadena de hombres y mujeres, de la que solo somos pequeños y humildes eslabones, continuará extendiéndose mientras exista el ser humano, cuando nadie recuerde nuestros nombres.
Me gusta esta forma de pensarlo, porque alivia la presión de la responsabilidad individual: somos parte de una inmensa multitud, de un esfuerzo colectivo que desborda nuestras vidas individuales, de una corriente milenaria de personas buscadoras. Nuestra sabiduría colectiva -como la de las Ama- proviene de la experiencia, de la práctica de miles de grupos, del conocimiento acumulado y compartido a lo largo de la historia. Y ahora nos toca a nosotras, en estos tiempos que vivimos, transmitir y compartir los saberes acumulados con las generaciones que vienen.
Hoy el mundo cambia a una velocidad insólita que parece acelerarse. Y esos cambios, que hasta hace bien poco tardaban siglos en expandirse, ahora se globalizan rápidamente y nos afectan a todas, en todos los lugares. Muchos saberes, en todos los órdenes del conocimiento, se quedan rápidamente obsoletos, las viejas respuestas ya no sirven para enfrentar los nuevos problemas y necesidades.
Lo mismo ocurre con los grupos y organizaciones sociales, los movimientos, colectivos, asociaciones, iniciativas ciudadanas… que seguimos utilizando marcos conceptuales y formas organizativas de hace más de un siglo, cuando el mundo era bien distinto. Y esos desajustes son más evidentes cada día que pasa.
Es fácil aventurar que, del mismo modo que cambiaran -ya lo están haciendo muy rápidamente- las formas de producir, de consumir, de trabajar, de comunicarnos, de aprender, de relacionarnos… (la lista es infinita), igualmente cambiarán las formas de organizarnos para cambiar el mundo.
Pero…¿de qué manera se harán esos cambios? ¿En qué sentido? ¿Cómo serán las organizaciones solidarias y transformadoras del futuro próximo?
He dedicado muchos momentos a esas preguntas (https://participasion.wordpress.com/2021/01/24/desde-el-borde-del-colapso-apuntes-sobre-las-organizaciones-necesarias/ , https://participasion.wordpress.com/2011/09/12/el-duro-presente-y-el-futuro-incierto-de-las-organizaciones-de-accion-voluntaria-1-el-presente/, https://participasion.wordpress.com/2011/10/06/mas-sobre-el-duro-presente-y-el-futuro-incierto-de-las-organizaciones-de-accion-voluntaria-y-2-el-futuro/, https://participasion.wordpress.com/2013/04/01/cuatro-cambios-de-las-organizaciones-solidarias-en-el-cambio-de-era/ ) que me parecen especialmente importantes en este tiempo de cambios e incertidumbre, porque la necesidad de organizarnos, de trabajar juntas, de poner a funcionar toda la inteligencia colectiva que seamos capaces de reunir, es común a cualquiera de los desafíos fundamentales que enfrenta la humanidad: la emergencia climática, la crisis energética, la alimentaria, la migratoria… (la lista también es infinita). El «éxito» (sea lo que sea) en cualquiera de estos grandes desafíos, la supervivencia de la propia especie humana, depende grandemente de cómo nos organicemos.
Así que, siguiendo mi destino de «buscador», en los próximos meses me propongo observar, escuchar, dialogar, aprender… con algunas de las «nuevas» iniciativas y experiencias sociales que tratan de organizarse para transformar el mundo. Quiero observar y buscar -en sus prácticas- «perlas», nuevas formas de pensarse, de narrarse, de actuar juntas, de relacionarse entre sí y con su ecosistema… que puedan servir para otros procesos transformadores y experiencias colectivas. Después vendrá el momento de pensar cómo contar, compartir, difundir, mostrar esos hallazgos, pero esa será otra historia.
Siento que esta búsqueda de hoy ha de ser distinta, porque si busco en los mismos lugares de siempre, con las mismas preguntas de siempre, probablemente las respuestas serán las mismas de siempre. Así que me encuentro ante el reto de encontrar otras formas de mirar, re-aprender y reinventar las mismas formas de buscar. Y me propongo compartir en este blog esa búsqueda sobre la búsqueda. (Continuará)


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