Apuntes para la Participasión

Comunidad, Participación y Ciudadanía


Aprendizajes de una inmersión

El objetivo de sumergirme hasta el fondo de Sankofa era encontrar «perlas«, hallar indicios de «semillas de futuro» en su arquitectura y su ecosistema organizativo, descubrir pistas, enfoques, soluciones imaginativas… que pudieran servir para facilitar los procesos de reconstrucción de las comunidades, movimientos y colectivos sociales, en estos tiempos de crisis, desorden, confusión e incertidumbre.

Luego vendrá el reto de comunicarlo, contarlo, compartirlo, difundirlo, extenderlo a otros colectivos y procesos, promover el intercambio, el diálogo, la escucha, el trueque de ideas y conocimientos, facilitar que unas iniciativas se conviertan en «inspiración» para otras y viceversa. Porque necesitamos encontrar y producir las mejores ideas y soluciones para poder responder juntas a lo que se avecina.

Las crónicas que he colgado en este blog durante las pasadas semanas, han tratado de reflejar algunas de las impresiones y reflexiones vividas durante esa inmersión en Sankofa:

En «La Casa de las Historias«, conté algunas cosas sobre el «espacio físico» Sankofa, el lugar donde ocurren buena parte de las cosas, de los objetos con ruedas que lo pueblan, los libros que llenan sus paredes, las historias personales y colectivas que hay detrás de cada objeto, la diversidad que reflejan… y me detuve en las personas que dinamizan ese espacio, sus vínculos, sus liderazgos…

En «Economía de Guerrilla«, hablé de la particular «economía» de Sankofa, al margen de subvenciones, hecha de la suma de muchos goteos, la economía social informal, el reciclaje, el trueque, el rechazo a la mercantilización de las relaciones interpersonales… una sostenibilidad incierta que se basa en el conocimiento y aprovechamiento del terreno (igual que en la guerrilla).

En «La Magia de los Encuentros«, compartí algunas de las historias mágicas que -«casualmente»- ocurren en Sankofa, que siempre tienen que ver con las personas diversas que habitan este espacio, y hablé de la celebración de la diversidad y el encuentro de personas y culturas que, en muchas formas diferentes (y sencillas, no forzadas), se producen aquí habitualmente y dan sentido del espacio.

En «De Procesos y Mestizajes«, conté como, al parecer, en Sankofa no están obsesivamente pendientes de los resultados, del número de actividades y asistentes que consiguen reunir, sino que, sobre todo, buscan facilitar procesos entre personas. La agenda de actividades se compone con lo que habitualmente hacen los diversos grupos de interés y con otras actividades colectivas que sirven para el encuentro, la mezcla, el intercambio, la celebración entre todas.

Por último, en «La Comunicación, la Confianza y los Poliedros«, traté de reflejar cómo se comunican quienes hacen Sankofa y como la confianza mutua es la base de sus relaciones (una confianza que se «educa» y cultiva de diversas formas, como parte del proyecto). Y señalé que la realidad de este espacio es «poliédrica», con muchas caras y facetas que se conectan, interactúan y transforman continuamente…

Efectivamente, el «poliedro Sankofa» es rico, complejo, cambiante, está vivo… y es inabarcable, porque se extiende y conecta con otros muchos proyectos y procesos de su entorno, de su ecosistema social. Y, además, Sankofa es irreplicable, única, irrepetible. Allí concurren un conjunto de singularidades que tienen que ver con el territorio (Patraix) y las personas (empezando por Pep y siguiendo por una larga lista), que determinan el carácter singular de Sankofa.

Y, sin embargo, más allá de la singularidad, en Sankofa pasan muchas cosas que pueden interesar a otros procesos y colectivos sociales, aunque sus contextos sociales y sus objetivos sean diferentes, aunque sus liderazgos y vínculos conecten entre sí a otras personas, con personalidades y caracteres distintos a los que aquí encontramos.

De esto se trata lo de las «semillas de futuro«, de identificar enfoques, miradas y prácticas concretas que puedan ser sembrados y cultivados en otros contextos, con las adaptaciones necesarias a las circunstancias de cada contexto y a la realidad de cada proceso comunitario. Tras la inmersión en Sankofa (y con 50 años de cierta experiencia a mis espaldas), me atrevo a señalar ciertos indicios que bien pudieran apuntar a la existencia de algunas de estas perlas o semillas.

No se trata de «soluciones» concretas, sino de «zonas de interés» en el entramado organizativo, aspectos de las formas de organizarse que adquieren mayor relieve y significación en las actuales circunstancias, en momentos en que necesitamos otras respuestas. La lista es amplia y abierta, y el orden no tiene que ver con su importancia :

a. La necesidad de espacios físicos para el encuentro comunitario, de lugares de referencia, un espacio «para estar», «acogedor«, «apropiable» (que se pueda hacer fácilmente «de uno/a«), «seguro«, «polivalente» (donde se puedan hacer cosas diversas), que sea reflejo de la diversidad de sus habitantes… No se trata solo de un espacio necesario para hacer actividades, sino también de un espacio para el encuentro de quienes transitan los procesos. No es solo una necesidad «logística«, es que los espacios favorecen o dificultan los encuentros, no son neutros. En Sankofa la significación del espacio es muy evidente, en otros contextos será importante construir o re-construir esos espacios significativos y las soluciones deberán ser siempre imaginativas.

El espacio refleja la diversidad de las personas y las culturas que lo habitan

b. El territorio, la conexión con lo cercano, el conocimiento de las personas, las iniciativas, los grupos y los recursos que existen en el entorno próximo, es fundamental para la supervivencia y el desarrollo de las iniciativas y los procesos. Ese «territorio» puede incluir también otros planos y otros habitantes, otras relaciones más distantes, gracias a las tecnologías. La inclusión y la aceptación en el territorio que habita es una característica de Sankofa y un desafío primero para cualquier iniciativa comunitaria.

c. La existencia explícita de unos pocos valores universales (DDHH), que sean claros, aceptados y preservados por cuantas personas están implicadas, de manera que las iniciativas y los procesos estén libres de xenofobia, racismo, machismo, homofobia… que los espacios sean seguros, libres de miedo. En Sankofa este es un elemento central, su misión y su sentido mismo, pero es una condición necesaria compartida por todos los procesos comunitarios. No como una «declaración de principios», sino como una práctica de acción y organización. Con frecuencia es aquí donde se evidencia la dimensión «política» que todos los procesos tienen: en los valores que practican y no en la asociación con unas u otras siglas.

d. La Economía Social Informal, la «no mercantilización» de las relaciones personales, de los procesos comunitarios. El compromiso práctico con el aprovechamiento, la reutilización, el reciclaje, el intercambio, el trueque, la gratuidad, la voluntariedad… como una (otra) opción «política«, una forma de resistencia consciente frente al capitalismo que todo lo mercantiliza y una alternativa a la dependencia económica de otros actores (por ejemplo, de las instituciones). En Sankofa, la «economía de guerrilla«, basada en el conocimiento y aprovechamiento del territorio es un ejemplo, pero sabemos que en el sostenimiento de las iniciativas y los procesos se encuentra uno de los interrogantes de futuro para los que hemos de encontrar respuestas.

e. El reconocimiento del alto valor de la diversidad, que hace más rica y potente toda iniciativa comunitaria, y se convierte en un recurso clave de una comunidad y una sociedad que, a su vez, son cada día más diversas y complejas. La importancia del mestizaje, de la cooperación, la mezcla, la síntesis y las sinergias… en la construcción de la resiliencia, en la puesta en pie de alternativas colectivas a la descomposición del sistema. Todo ello subraya la importancia que -cada vez más- tendrá encontrar formulas para una adecuada gestión de la diversidad en las organizaciones y comunidades. En Sankofa, la diversidad se aborda desde la experiencia y la intuición, sin estrategias previas elaboradas.

f. La fuerza de los vínculos y los afectos. Creo que se trata -y probablemente se ha tratado siempre- de la fuerza de cohesión más poderosa que interviene en las iniciativas y procesos comunitarios, lo que los con-mueve realmente, porque los afectos y los vínculos son motores de la acción colectiva. Cuanto más auténticos y reales son, como resultado del conocimiento mutuo y de la acción colectiva (de hacer cosas juntas), más importantes se vuelven para poder alcanzar los objetivos comunes. Otro rasgo evidente de Sankofa, difícilmente replicable, es éste. Cada proceso ha de cultivar sus vínculos y afectos, con plena conciencia de la importancia que ello tiene.

El espacio público, la calle es ocupada por gentes diversas, personas que se encuentran, ríen, cuentan historias, hacen músicas, cantan y bailan en lenguas diferentes

g. La atención a los procesos y sus tiempos. Vivimos una época «resultadista» en la que lo principal (o lo único) son los resultados, como sea que estos se alcancen. Este principio también vale para las iniciativas y procesos comunitarios, que evaluamos por sus resultados, especialmente por aquellos que pueden «cuantificarse«, medirse con un «número» (de asistentes, por ejemplo). Por su parte, la realidad cambia aceleradamente y nos obliga a adaptaciones continuas, sin darnos tiempo para pensar y planificar. Pero sabemos bien que es en los procesos, en el «mientras«, «antes«, «durante» y «después» de los «resultados«, cuando y donde se producen los encuentros, las interacciones, los diálogos, los intercambios… es entonces cuando «pasan cosas» que requieren su(s) tiempo(s). De nada sirve saltar o quemar etapas. En Sankofa lo saben, y eso se traduce en una cierta gestión de los tiempos, sin prisa, dando tiempo a las cosas (¿era esto la «improvisación estratégica«?).

h. Cultivar la confianza y el respeto mutuo en todas las relaciones. Las iniciativas y procesos comunitarios dependen por completo de las personas que los hacen, quienes participan en ellos, y de las relaciones que establecen entre ellas. La confianza es la argamasa fundamental de esas relaciones, se basa en el conocimiento mutuo y en hacer cosas juntas, y necesita que la comunicación sea transparente. Si se quiebra resulta dificilísimo recomponerla. Por eso parece necesario que exista una «pedagogía de la confianza y el respeto» que acompañe las iniciativas y los procesos. No se debe dar por hecho.

i. Liderazgos compartidos y distribuidos. Parece clara la necesidad de los impulsos iniciales, de las influencias e implicaciones de personas concretas que hacen avanzar los procesos y las iniciativas comunitarias, pero frente a los liderazgos personalistas que concentran el poder, también existen formulas organizativas en las que los/as líderes/as comparten y reparten la influencia, fomentan la autonomía personal y distribuyen el poder, la toma de decisiones, entre quienes participan. En Sankofa definen su estructura organizativa como «una organización difusa que aplica la lógica borrosa«. Algo tiene que ver con esto.

¿Una pequeña sala para pequeños conciertos, un «conversatorio», un aula para talleres, una sala de proyección, una sala de reuniones, una sala de juegos de mesa…?

j. Las culturas, el arte, la música, la poesía… como vehículos de encuentro y diálogo. En Sankofa, esto afecta directamente al corazón de la experiencia. Está en su sentido mismo. Pero el principio vale para todas las iniciativas y procesos comunitarios en una sociedad intercultural, diversa y mestiza, sea cual sea su misión y «causa» específica. No es solo cuestión de convicción, de con-vencer desde las razones, sino de «conmoción«, de con-mover las emociones y las voluntades para poder hacer cosas juntas, y eso pasa por otras vías y lenguajes que trascienden la pura razón.

k. La importancia de la celebración, del disfrute. Esto tiene mucho que ver con otros puntos de esta lista, y no es algo que responda -solamente- a la necesidad de que las iniciativas y procesos comunitarios sean «satisfactorios«, «gratificantes» para quienes participan en ellos (porque, de otra forma, dejan de participar). Es que, además, la celebración -que tiene que ver con la memoria colectiva y con los sueños y anhelos- es parte de los procesos, y contribuye a generar cohesión y a tomar conciencia colectiva del propio proceso. La celebración, el disfrute no es una evasión o una distracción de lo importante, por el contrario, «sirve«, es «útil» a los procesos colectivos. Y la celebración de lo común, la recuperación de la alegría se revela especialmente importante en estos tiempos de incertidumbre, desesperanza, miedo…

l. La vida, las personas en el centro del proceso organizativo. Este punto bien podría encabezar la lista, pero aparece aquí, atravesando todos los demás puntos. Las iniciativas y procesos comunitarios solo tienen futuro en la medida que sean capaces que colocar en el centro de la acción colectiva las necesidades concretas de las personas concretas. Todas las necesidades, las materiales y las inmateriales, las que se relacionan con la vida. Y esto va a ser cada vez más importante en una sociedad en la que crecen las necesidades y las carencias de muchos, y donde la solidaridad y la cooperación se revelan como la única alternativa. En Sankofa está claro, responden a una necesidad «vital» de las personas que viven y llegan a vivir a Patraix: sentirse acogidas, aceptadas, incluidas, parte del barrio, de la comunidad. Cualquier iniciativa o proceso ha de hacerse la misma pregunta.

m. La fuerza de lo pequeño. Como el punto anterior, este también recorre toda la lista. Lo pequeño es más ágil, manejable, se adapta más fácilmente a los cambios. Tengo la sospecha de que, al igual que el decrecimiento será necesario en todos los órdenes de la vida comunitaria, así mismo tendrán que «redimensionarse» las iniciativas y procesos comunitarios, las estructuras organizativas. Estamos recuperando organizaciones de «dimensiones humanas«, donde es posible conocer e interactuar con la mayoría de quienes las forman. El tamaño importa y facilita o dificulta la comunicación y la toma de decisiones. Frente a las macro-organizaciones (ONG) y los macro-procesos (que responden al paradigma: desarrollo=crecimiento), y -en el otro extremo- frente a la atomización y el aislamiento de las pequeñas iniciativas colectivas: la alternativa de construir una «cultura de archipiélago«, que preserve la autonomía de las partes maximizando su cooperación mutua. Las redes, asimismo diversas, serán las que articulen la cooperación de los pequeños, de los débiles.

Algunas de las personas «responsables» de Sankofa

La lista no termina aquí. No solo faltan zonas por iluminar y pistas que rescatar en la realidad de Sankofa, es que además, el conocimiento de otras iniciativas y espacios, en otros contextos, otros territorios, nos servirá para identificar nuevos aspectos de interés y poner en cuestión estos que adivinamos ahora.

Muchas de estas pistas o enfoques que he enumerado (en este largo artículo) ya los conocíamos, no son nuevos en la historia de los procesos organizativos de los movimientos sociales y las organizaciones comunitarias, pero en el momento actual adquieren una importancia mayor. En el pasado, hemos atendido fundamentalmente a las actividades y los recursos para hacerlas, parece que ahora es clave atender a los procesos y los vínculos.

Pero no nos adelantemos. Seguro que aparecen otras miradas, para seguir pensando y conversando sobre todo ello. ¿Cómo lo veis (desde vuestras particulares realidades)?



6 respuestas a «Aprendizajes de una inmersión»

  1. En Sankofa la diversidad es también aceptación de colectivos de pacientes estigmatizados? Pregunto, Fernando?

    1. Supongo que no se hacen exclusiones de ningún tipo, otra cosa es que estas personas participen u organicen actividades específicas, algo que ignoro. Pregunto

  2. […] entradas anteriores, y especialmente en «Aprendizajes de una inmersión«, he compartido reflexiones sobre las «nuevas» formas organizativas que adoptan y adaptan los […]

  3. […] los proyectos colectivos han de existir -impresos en mármol- «unos pocos valores universales explícitamente aceptados por todas«, que los conviertan en «espacios seguros» y libres de miedo, de xenofobia, racismo, machismo, […]

  4. […] caso es que, dentro de muy poco, celebra su noveno aniversario el Espai Sankofa, y con ese gozoso motivo nos convoca a un encuentro -o un viaje colectivo- que tendrá lugar entre […]

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