Apuntes para la Participasión

Comunidad, Participación y Ciudadanía


¿Soñar el futuro?

(«El sueño de la tribu». Boceto de Raúl Lucas)

Cada día, cuando vemos reaparecer los fantasmas del pasado, comprobamos que la mayoría social hemos perdido la memoria, que ya no somos capaces de reconocer el odio, la mentira, la injusticia, la exclusión… que se han normalizado en este presente incierto.

Pero, si es difícil salir de ese pozo de amnesia colectiva, todavía lo es más porque no parece haber alternativa: ¿a donde ir? Para qué esforzarse si no hay nada que hacer, nada va a cambiar, no hay horizonte hacia el que avanzar, no hay futuro.

He evocado mil veces al maestro Paulo Freire que nos prevenía contra el fatalismo mágico (ese que atribuye al destino o a la providencia la desigualdad y la injusticia, sin entender que se trata de una obra humana que puede modificarse) y nos recordaba machaconamente que, para cambiar algo, para crear algo, es condición necesaria imaginarlo primero. Reivindicaba el derecho y la necesidad de soñar otro mundo posible.

La memoria ancestral nos dice que los hombres y las mujeres se han sentado alrededor del fuego desde los tiempos más remotos para compartir sus vivencias, su propia historia, la del grupo, la tribu… Y cuando fue preciso, encargaron la tarea de conservar esa memoria colectiva a ancianos, hechiceras o chamanes. Y la evocaban en las noches oscuras para aprender de ella como actuar en el futuro ante situaciones semejantes. Y soñaban manadas de bisontes, y cacerías, y victorias sobre otras tribus… y lo pintaban en las paredes de sus cuevas, para atraer sus sueños y hacer que se cumplieran, se volvieran realidad.

La humanidad ha cultivado siempre esa capacidad de soñar otros mundos y utopías, de formas muy distintas en cada época, mediante la cultura, el arte, la literatura… En la ciencia ficción, Asimov inventó para su «Fundación» una ciencia, la «psicohistoria«, capaz de anticipar el futuro.

Estos tiempos nuestros están huérfanos de sueños, de utopías que nos sirvan de horizonte para avanzar. Pareciera que se nos agotaron los viejos sueños y que hayamos olvidado como se sueñan otras realidades posibles, otros mundos diferentes a este.

Ahora, ya no nos sentamos con otras alrededor del fuego a compartir experiencias y tejer sueños. De la misma forma que Google ha venido a sustituir nuestra memoria, los sueños y las distopías las consumimos procesadas por Netflix, en pantallas que nos individualizan y aíslan.

Y, sin embargo -si creemos al maestro- se nos hace urgente y necesario reaprender a soñar, a soñar juntas, a imaginar otras formas posibles de con-vivir, de hacer las cosas, de organizarnos para dar respuesta a las necesidades que compartimos.

¿Cómo se re-aprende a soñar juntas, a imaginar otros mundos, rebasando los estrechos marcos mentales que el patriarcado y el capitalismo han grabado a fuego en nuestras cabezas?

Tal vez los lenguajes y los caminos de ese aprendizaje deben de ser diferentes a los que nos impone el sistema. Y tal vez el juego pueda ayudarnos.



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