No lo estamos haciendo bien. No conseguimos crear conciencia, motivar, convencer, movilizar a las multitudes que se necesitan -urgentemente- para transformar este mundo a la deriva, o al menos, para salvar lo que sea posible.
La apelación al miedo, el anuncio del desastre, la catarata de datos científicos que señalan las consecuencias inevitables a las que nos conduce este sistema (el capitalismo) injusto e insostenible, el deterioro constante de las condiciones de vida para la inmensa mayoría de la población, la permanente sensación de emergencia… no parecen bastar.
El futuro se ha borrado de la pantalla, se ha apagado, fundido en negro, es imprevisible, pura confusión e incertidumbre. Y con el futuro, han muerto las esperanzas.
Las viejas utopías se han quedado obsoletas, inservibles, ni siquiera como un horizonte viable hacia el que avanzar. Todas las hipótesis, todos los escenarios en los que se inspiraban, han resultado fallidos.
Y la perspectiva de colapso del sistema parece multiplicar y excitar los negacionismos y resistencias a los cambios radicales imprescindibles, como era previsible. Se llama miedo.
Es difícil caminar sin horizonte, nos sentimos perdidos, caminando en círculo, como pollos sin cabeza, y esa falta de metas, de rumbo, no ayuda a la voluntad ni a la esperanza.
Necesitamos reconstruir las utopías, rehacerlas, recomponerlas a partir de lo mejor de cada una, adecuándolas a las inéditas condiciones de este mundo en situación de emergencia, recargarlas de nuevas energías y fuerzas, para poder responder a los nuevos retos y desafíos, o, al menos, para resistir mejor al tsunami.
Utopías que nos motiven a caminar y trabajar juntas, que ilusionen y movilicen a las multitudes. Suena a tópico manido, pero el colapso es también una oportunidad para construir algo nuevo y distinto. Y, además, no tenemos elección, nos va la vida -como especie- en ello.
El sabio Paulo Freire (que tanto nos sigue enseñando a sus más de 100 años) decía que, para poder construirlo, primero es necesario soñar el mundo nuevo, de manera que ese horizonte sirva de faro y meta que oriente nuestro caminar.
Es urgente ponernos a soñar juntas, imaginar la sociedad de la ayuda mutua, de la cooperación, de los cuidados, de la vida, de la reconciliación con el planeta… Esas son bases más que suficientes de las que partir para tejer las nuevas utopías.


Replica a Fernando de la Riva Cancelar la respuesta